10/29/2006

Incesto

Dentro de los artículos que se presentaron en el "simposium de abuso
sexual y maltrato infantil", que dictó la Ps. Marianela Soto, en la universidad
Santo Tomas, a principios de octubre, rescatamos de la red este artículo llamado "TOMA DE DESICIONES EN CASO DE ABUSO SEXUAL INFANTIL INTRAFAMILIAR" Escrito por: Kathleen Coulbern Faller y traducido por Ps. Eugenio Araya Olivares (04 de Diciembre de 2004)




TOMA DE DESICIONES EN CASO DE ABUSO SEXUAL INFANTIL INTRAFAMILIAR
por Kathleen Coulbern Faller
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En el abuso sexual intrafamiliar, el funcionamiento de la madre (su dependencia, relación con la víctima, y protectividad) y el funcionamiento del padre-ofensor (su funcionamiento general, culpa acerca de la victimización, y el grado del abuso sexual) pueden ser usados para tomar decisiones acerca del traslado de los niños, pronóstico de tratamiento, estrategias de tratamiento, y acción del tribunal juvenil o criminal.
Se presentan líneas guías para los clínicos.
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En tanto que existe una literatura emergente sobre el diagnóstico y tratamiento del abuso sexual infantil (Conte, l984 Conte & Shore, 1982; James &Nasjleti, 1983; Kempe & Kempe, 1979, 1984; Justice & Justice, 1979; Mayer, 1983, l985 Meselnan, 1979; Renshaw, 1982; Sgroi, 1992) se dispone de poca orientación para los profesionales que están tratando de determinar la tratabilidad de diferentes tipos de familias sexualmente abusivas. La literatura tiende a describir la situación desde el punto de vista del perpetrador más bien que de la familia, y las recomendaciones de varios autores a menudo son contradictorias. Por ejemplo, algunos profesionales en salud mental ven la confesión del perpetrador como un prerrequisito para la inclusión en un programa de tratamiento. (Gottlieb, comunicación personal, 1983); otros ven la confesión como una meta de la intervención (Giarretto, 1982); y aún otros creen que la estructura familiar puede ser cambiada para impedir el abuso sexual futuro sin un reconocimiento de parte del perpetrador o aún sinn reconocimiento del abuso sexual por la familia (Stovall, l985). Similarmente, hay quienes se rehúsan a tratar un perpetrador sin que reconozca su problema de abuso (Long, 1985), en tanto que otros incluyen el tratamiento del abusador como un componente de un programa de tratamiento más grande (Carlson- Larson 1979).
La literatura también falla en dirigirse hacia cuestiones vitales como cuándo los niños deberían ser separados permanentemente de sus familias, cuándo los perpetradores deberían ser procesados criminalmente, cuándo ellos deberían ser excluidos permanentemente de la unidad familiar, y cuándo la meta de intervención debería ser la reunificación de la familia ola mantención intacta de la familia. Este artículo intenta llenar el vacío en los criterios de manejo de casos de abuso sexual.
Las líneas guías a ofrecer están basadas en la experiencia con cerca de 300 casos de abuso sexual vistos por los clínicos en la Universidad de Michigan en el Proyecto Interdisciplinario sobre Abuso y Negligencia Infantil (PIAN) entre los años 1978 y 1986. Estos casos de abuso sexual intrafamiliar de niños fue referido al PIAN por agencias de protección infantil (68%), tribunales (14.3%), agencias para el cumplimiento de la ley (4.8%) y otras agencias de salud mental (l2.2%). Ochenta y ocho por ciento de los casos fueron vistos para diagnóstico y recomendaciones para el manejo del caso; l2% también recibieron algún tipo de tratamiento del personal del PIAN. Además, los datos fueron recogidos sistemáticamente en todos los casos para propósitos de investigación, y se condujeron estudios de seguimiento sobre un sub-conjunto de 68 casos referidos por los servicios protectivos en Michigan y vistos por lo menos por tres años. Una información obtenida menos sistemáticamente ha sido recogida de casos no incluidos en el estudio de seguimiento. Las líneas guías desarrolladas durante el curso del trabajo del PIAN representan un intento para integrar los resultados clínicos y de investigación. El desarrollo de estos criterios también se ha beneficiado grandemente por discusiones con otros profesionales trabajando en el campo del abuso sexual.



CARACTERISTICAS PARENTALES
Ciertas características de los cuidadores maternales y paternales son cruciales para las decisiones acerca de la intervención. Estas características son un tanto diferentes para las madres y los padres. Para las madres ellas son: 1) el nivel de su dependencia, particularmente del perpetrador; 2) el grado en el cual ella quiere y está criando a la víctima (y a otros niños); y 3) el grado en el cual ella fue protectiva cuando ella descubrió el abuso sexual. Para los padres, las características son: 1) su funcionamiento general; 2) el funcionamiento de su superego; y 3) el grado del abuso sexual.
Estos no son los únicos factores a tomar en cuenta, pero ellos al menos, deben ser considerados. Este artículo discutirá la evaluación de las características maternales y paternales para luego demostrar cómo ellas pueden ser empleadas en una matriz de toma de decisiones para los casos de abuso sexual intrafamiliar.
Factores Maternales
Dependencia. El clínico debería primeramente evaluar la capacidad de la madre para ser económicamente independiente del perpetrador. ¿Cuenta ella con un trabajo, una historia laboral, o una habilidad? Alternativamente ella puede recibir una Ayuda para Familias de Niños Dependientes (AFDC), por medio de un cheque a su propio nombre. ¿Ella está dispuesta a solicitar ayuda de AFDC como una estrategia para librarse de la situación sexualmente abusiva? Algunas madres son menos dependientes del perpetrador porque ellas tienen amigos o parientes que las acogerán y las apoyarán cuando sea necesario. Otros indicadores de la independencia de la madre son su capacidad para confrontar al padre, de estar en desacuerdo con él, de actuar a pesar de su objeción y de interceder en el nombre de los niños contra sus deseos.
Relación con la víctima. Es importante evaluar el grado en el cual es apropiada y cariñosa. A la madre se le debe solicitar que describa el niño, indicando lo que a ella le gusta o le disgusta de la víctima, y que discuta su relación. La víctima también, debería ser consultada acerca de la relación, y debería observarse la interacción madre-niño. Las madres que están cercanas a sus niños víctimas se sienten usualmente desoladas cuando se enteran del abuso sexual. Otras son ambivalentes hacia la víctima; otras aún son un tanto frías en las relaciones con sus niños, incluyendo la víctima. En unos pocos casos habrá competencia y celos entre la madre y la hija. La cordialidad e idoneidad de la relación madre-víctima es importante para predecir si ellos pueden permanecer juntos o no. Más aún, mientras mejor es la relación, menos marcada psicológicamente quedará la víctima por el abuso sexual.
Respuesta protectiva. El profesional en salud mental debería estar alerta ante aquellos casos raros donde la madre estaba consciente del abuso sexual y lo toleraba o permitía porque ella se sentía incapaz de detenerlo. Una reacción más común y apropiada para las madres es haber tratado de detener el abuso sexual pero sin involucrar a colaboradores externos. La respuesta óptima es aquella en que las madres buscan o cooperan con la intervención profesional, o separan a sus niños de la pareja sexualmente abusiva.
Los clínicos necesitan tener conocimiento de que la madre puede haber dudado inicialmente de la ocurrencia del abuso sexual pero más tarde, al reflexionar, creer que ello ocurrió. También puede proteger a su niño aún cuando ella no está segura que el niño fue sexualmente victimizado. Más aún, una madre puede ser protectiva, pero puede últimamente conciliar con el perpetrador si hay salvaguardas adecuadas o si el tratamiento ha sido exitoso.
Los tres factores maternales, tomados juntos, son predictivos acerca del potencial de las madres. Las madres que son dependientes, que culpan o que son hostiles hacia la víctima, y que no son protectivas de sus niños tienen pocas posibilidades de cambiar suficientemente para llegar a ser padres adecuados. En contraste, la madre que es independiente, cariñosa, y protectiva será capaz de hacer los cambios necesarios y aún podria ayudar al perpetrador en su cambio.

Factores Paternales
Funcionamiento general. Este puede ser evaluado a partir de la educación del perpetrador, historia laboral, salud mental, uso de substancias, funcionamiento en la comunidad, actividad criminal, conducta como esposo, y relaciones con sus niños. El profesional debería estar al tanto que algunos hombres que son abusadores sexuales son ciudadanos modelos en la mayoría de los aspectos. Ellos trabajan intensamente y son considerados como ejemplares en sus campos, apoyan a sus familias, son activos en los asuntos de la comunidad, son esposos atentos, y están preocupados con respecto a sus niños aún cuando ellos interactúan sexualmente con ellos. En el otro extremo del continuum está el padre incestuoso que está sin trabajo, o trabaja esporádicamente y, cuando está trabajando, reserva el dinero para él y espera que su mujer apoye a la familia. Su historia puede ser de enfermedad mental, pero es más a menudo una historia de violencia, actividad criminal, y encarcelamiento. El es ciertamente físicamente abusivo con su mujer y sus niños, y frecuentemente tiene un problema con el alcohol y la droga.
Funcionamiento del superego. Esto debería ser evaluado con particular atención en cuán culpable él se siente sobre el abuso sexual. Algunos hombres declararan que se han sentido aliviados de haber sido apresados porque se sentían mal por lo que estaban haciendo. Otros tendrán sentimientos suicidas. El practicante debería intentar diferenciar entre sentimientos suicidas que surgen como consecuencia do haber sido cogidos, y aquellos que se originan de un genuino sentido de que lo que ellos han hecho es erróneo, preocupación por el daño que ha recibido el niño y aceptación de la responsabilidad por el abuso. En contraste, esta el perpetrador que siente poca o ninguna culpa. El evaluador puede notar que él racionaliza o rebaja su conducta, echando la culpa a la conducta seductora de la víctima o a su mujer, a quien él describe como rehusándose al sexo o conduciéndolo hacia el abuso sexual por sus quejas. Alternativamente, el puede describir el abuso sexual como educación sexual. A veces es difícil evaluar la culpa ya que el perpetrador no admitirá el abuso sexual. En tal situación la culpa y responsabilidad exhibida respecto a otra conducta puede proporcionar una indicación acerca del grado de funcionamiento de su superego.
Grado del abuso sexual. Los componentes de los actos sexuales a ser explorados incluyen la duración, frecuencia e invasividad. Sobre un continuum desde lo menos a lo más, la invasividad consiste de: 1) abuso sexual sin contacto (verbalizaciones sexuales inapropiados hacia el niño, exposición, voyerismo); 2) contacto sexual (caricias, masturbación mutua, frotaciones); 3) sexo oral (besos con lengua, mamar los pechos, cunnilingus, fellatio); y 4) penetración (anal, genital). Otros aspectos del grado del abuso sexual son si se empleó la fuerza, si se sacó fotografías, si el perpetrador permitió o forzó a otros a involucrarse en sexo con el niño, cuantas víctimas hay, y si las víctimas eran tanto intrafamiliares como extrafamiliares. El abuso sexual extensivo está caracterizado por ser de larga duración, encuentros frecuentes, conductas sexuales invasivas, el uso de la fuerza, pornografía, explotación, muchas víctimas, y víctimas tanto dentro de la familia como fuera de la familia.
El hombre que tiene pocas áreas de funcionamiento apropiado, que no evidencia sentimientos de culpa acerca del abuso sexual, y se ha comprometido en un abuso sexual extensivo, las perspectivas de cambio suficiente para tener un funcionamiento parental adecuado son muy remotas. Por otra parte, si el tiene muchas áreas de funcionamiento apropiado, mucha culpa sobre el abuso sexual y se ha comprometido en forma mínima en conducta sexual, las perspectivas de rehabilitación son mucho mejores.

TOMA DE DESICIONES
Los factores maternales y paternales ya descritos podrían afectar la elección de las estrategias de intervención. Cuatro tipos de casos pueden ser identificados basados en esos factores; esos y sus líneas guías de intervención son discutidos a continuación, con ejemplos de casos.

Casos Tipo I
Los casos Tipo I, los más prometedores, son aquellos donde tanto la madre como el perpetrador tienen muchas fortalezas, siendo la madre independiente, cariñosa y protectora al descubrir el abuso sexual, y teniendo el perpetrador un buen funcionamiento general, buen funcionamiento del superego, y un compromiso sexual mínimo con la víctima. En algunas instancias, este tipo de familia busca voluntariamente tratamiento cuando el padre confiesa a la madre o el niño le cuenta del abuso sexual. El profesional en salud mental tratando a la familia está legalmente obligado a referir al niño a los servicios protectivos; sin embargo, usualmente no hay necesidad que participe tribunales. El rol de los servicios protectivos es asegurar que el personal para el tratamiento tenga las habilidades apropiadas para tratar con el abuso sexual infantil, que la víctima no necesite más protección, y que la familia continúe resolviendo el abuso sexual en terapia.
Otras familias con adultos funcionando medianamente bien pueden estar abrumadas por la vergüenza que implica la violación del tabú del incesto, buscan muy penosamente tratamiento, y por lo tanto pueden tratar de evitarlo. Ellas pueden auto-convencerse que “esto nunca ocurrirá nuevamente” y por lo tanto se persuaden a sí mismas que la humillación del tratamiento es innecesaria. Aunque estas familias encajan en el Tipo I, ellas usualmente no acuden voluntariamente al tratamiento. Tales casos usualmente necesitan la intervención del tribunal de menores con el fin de asegurar la protección del niño - generalmente a través de la separación temporal ya sea del niño o del perpetrador- y para ver que la familia continúe con el tratamiento completo.
Nuestras recomendaciones para la terapia a las familias Tipo I son consistentes con aquellas de los otros clínicos (Conte, 1984; Giarretto, 1982; Mayer, 1983; Sgroi, 1982): un rango de modalidades de tratamiento con, como intervención final, algún tipo de terapia familiar. Esto puede ser precedido por terapia individual, diádica o de grupo. En algunos casos, las modalidades que complementan la terapia familiar pueden ser empleadas concurrentemente. El ejemplo de abajo es un caso del Tipo I a partir de nuestra muestra de casos:
El Sr. y la Sra. S. han estado casados 16 años y tienen seis niños. A lo largo de su matrimonio el Sr. S ha trabajado intensamente en una planta industrial como un supervisor de turnos. El se ha matriculado también en la escuela nocturna. La Sra. S tiene la responsabilidad primaria del cuidado de los niños, y también ha trabajado como profesora reemplazante. La pareja intentó tener solo cuatro niños, pero su religión les prohibía el control natal. Después del último niño, la Sra. S tuvo una ligazón de trompas por razones médicas.
Ellos iniciaron una consejería marital por problemas que ellos veían, en parte, como consecuencia de una falta de tiempo privado juntos y de sus muchas responsabilidades. Durante la consejería, el Sr. S admitió que por un período de ocho meses el había acariciado a su hija de cuatro años. El abuso había finalizado seis meses antes de su confesión, pero señaló que no podía sacárselo de su mente y que estaba preocupado sobre los efectos sobre su hija. Se describió a sí mismo como “una rata sucia” e hizo notar la terrible posición en que dejó a su mujer ante su conducta. Dijo que había considerado el suicidio pero decidió que era una forma cobarde de huir del problema.
Cuando la Sra. S descubrió el abuso sexual, ella se puso furiosa, Ella dejó a sus niños con amigas de su iglesia por una semana, con el fin de completar su certificación de profesora y así contar con trabajo para apoyarse a sí misma y a los niños. Sin embargo, después de considerar el deseo de ellos de no perder a su padre, los detalles prácticos de apoyarlos sola, y el pronóstico alentador dado por la terapeuta, ella reunió a la familia y se comprometió a sí misma a trabajar el problema. Se utilizó una combinación de terapia individual, marital y familiar que duró un año.


Casos Tipo II
En los casos Tipo II, la madre parece ser independiente, cariñosa y protectora con sus niños, pero el padre tiene muchas áreas de conducta problemática, no evidencia culpa acerca del abuso sexual, y ha estado envuelto en esto extensivamente. La arremetida general de intervención es entonces hacia mantener a la madre y los niños intactos, y excluir al perpetrador. Los hombres que funcionan mal en estas áreas son, generalmente no sólo intratables, sino también inmanejables. Ellos improbablemente cumplirán con un plan de intervención voluntario, y bien pueden mostrar una actitud de amenaza hacia la madre y los niños (y posiblemente hacia otros) cuando se sienten frustrados por ellos. La intervención legal es necesaria para sacar a estos ofensores del hogar e impedir su acoso y abuso de la familia. El arresto y el proceso criminal por el abuso sexual son apropiados y, cuando los perpetradores están en la comunidad, a menudo se les fija órdenes de restricción. Si están encarcelados, ellos rara vez aprenden a funcionar mejor, pero su ausencia le da a la familia la oportunidad de cambiar, y protege temporalmente a la comunidad.
La madre y los niños son referidos para tratamiento que se relaciona con el abuso sexual. El tratamiento puede incluir sesiones individuales, diadas y de grupo tanto como terapia para la madre y los niños como una unidad. La madre puede necesitar también servicios prácticos tales como cuidado diurno, vivienda y ayuda financiera. El siguiente caso es un Tipo II referido al PIAN por un refugio para violencia doméstica:
La Sra. C tiene cuatro hijos, los dos más chicos de su actual esposo. Ella dijo que antes del matrimonio ella pensaba que su esposo era agradable: el le compraba los comestibles y le ayudaba a cuidar a los niños. Sin embargo, después del matrimonio el cambió. Comenzó a pegarle a ella y a los niños severamente. El vigilaba y restringía todas sus actividades. Ella descubrió que el tenía un registro criminal y que había matado a un hombre en prisión, y de que tenía un problema con la bebida. Aunque el ganaba un buen dinero, le daba muy poco a ella por lo que con sus niños pasaban hambre.
Ella hizo muchos intentos por dejarlo, pero él la perseguía. En una ocasión el contrató a un detective, para encontrarla a ella y a los niños; en dos ocasiones el regresó armado y amenazó con matar a los niños si ellos no regresaban con é1. La décima vez que la Sra. C escapó de él, sus dos hijos mayores le contaron que él les había estado haciendo fellatio a ellos a punta de pistola y de que se había involucrado en coito anal con el niño mayor.
Ella acudió a un refugio para violencia doméstica en otro estado, donde ella fue asistida en asegurar una orden restrictiva, comenzando con los trámites de divorcio y eventualmente para conseguir una casa. Se les proporcionó terapia a ella y a los niños. El terapeuta fue de opinión que la Sra. C quería a sus niños y que había tratado de protegerlos contra la conductas extraordinarias de su esposo. Aunque la Sra. C deseaba hacer cargos criminales contra su esposo, fue aconsejada de no hacerlo porque el tenía una conducta violenta e impredecible. Los profesionales preocupados tenían miedo que el acceso a ella y a los niños durante el proceso en tribunales podría proporcionarle una oportunidad a el para agredirlos o matarlos.

Casos Tipo III
En los casos Tipo III, las madres son dependientes, hostiles o frías hacia sus niños, y no son protectoras. Los padres funcionan mucho mejor que las madres, aunque ellos han abusado sexualmente de los niños. La madre es usualmente alguien que no establece relaciones estrechas con nadie, incluyendo su esposo y sus niños, y quien tiene muchas necesidades de dependencia no satisfechas.
El padre está propenso a tener relaciones sexuales con el niño debido a que sus necesidades afectivas y a veces sus necesidades sexuales no han sido satisfechas por su mujer. El usualmente ama y cuida genuinamente a sus niños, y siente culpa del abuso sexual. Las madres en tales situaciones, cuando se enteran del abuso sexual, pueden culpar a la víctima, escogen creer la negación de su marido, o evitan dirigirse al problema.
La intervención presenta muchos dilemas. A menudo el niño está más ligado al padre que a la madre. La intervención inicial involucraría asegurar que el niño esté seguro de otros abusos por medio de un recurrso de protección en la corte juvenil; la labor debiera ser hecha con la madre con el fin de movilizar y realzar sus respuestas protectivas y apropiadas, y con el padre para que vea el daño de su conducta sexualmente abusiva. Al mismo tiempo, debería trabajarse con la pareja marital para ayudarlos a que logren más gratificaciones en su relación. Tales intentos deberían ser limitados a tres a seis meses, con una cuidadosa reestimación al final de este tiempo. Un buen enfoque puede ser ubicar al niño con un pariente. Esto facilita visitas más liberales que el cuidado en hogares y, si la madre no cambia, la colocación de más largo termino con un familiar puede ser empleada para mantener los lazos parentales, especialmente con el padre, en tanto que asegura que el niño esta a salvo de un abuso sexual subsiguiente. Sin embargo, es necesario evaluar cuidadosamente al pariente debido a que el abuso sexual es a menudo un problema extendido en la familia. El siguiente caso es típico de los casos Tipo III evaluados por nuestro proyecto:
Los G habían estado casados tres años cuando la hijita de 10 años de la Sra. G,, Amy, le contó a su tía que el Sr. G, su padrastro, se había estado duchando con ella y tocándole la vagina y frotando su cuerpo contra el de ella.
Aparte de Amy, estaba George, de ocho años y Kathy de tres años, en la familia G. Kathy era la única hija del Sr. G. La Sra. G tenía una historia de concurrencia a los servicios de protección por negligencia y, menos frecuentemente, por maltrato y como lo habían notado los trabajadores de casos, parecía más interesada en las fiestas que en sus hijos. Su cuidado de niños y funcionamiento general mejoró considerablemente después de casarse con el Sr. G. El era un vendedor de autos usados quien ganaba regularmente un buen dinero, y por primera vez en años la Sra G no estaba al borde de ser desalojada. Los trabajadores de casos sentían que el Sr. G era un buen padre y se preguntaban porqué se había casado con la Sra G.
La tía de Amy informó a la Sra. G que ella llevaria a Amy a hablar con los servicios de protección. La Sra. G las acompañó pero habló muy poco. Dado esto, se le solicitó al Sr. G que abandonara el hogar y que los niños quedaran al cuidado de su esposa. Las condiciones hogareñas comenzaron a deteriorarse, y la Sra. G empezó a reclamar que ella no podía manejar los niños sin la ayuda de su marido. Se le retiraron los niños y fueron entregados a su tía, después de lo cual se descubrió que su madre había sentado a Amy en una silla mientras ella y los niños la rodeaban y por varias horas le gritaban “mentirosa, mentirosa” y la obligaron a que se retractará de la acusación por abuso sexual. La explicación de la madre por esta conducta fue que ella necesitaba a su marido en casa y por lo tanto Amy debía dejar de mentir.
Los esfuerzos para trabajar con el Sr. y la Sra. G no fueron exitosos. Después de una pelea en la que la Sra. G golpeó a su esposo a través de un biombo, el se fue. La Sra. G entonces se involucró con otro hombre. Después de un tiempo ella se casó con este hombre y a sus niños se les permitió volver. El nuevo marido maltrató físicamente a los niños, los que nuevamente fueron sacados de la casa. En esta ocasión ellos no pudieron ser ubicados con su tía y están ahora en un hogar de protección. Ambos padres tienen limitados sus derechos de visita.

Casos Tipo IV
En los casos Tipo IV, el padre funciona mal en muchas áreas y no evidencia culpa respecto al abuso sexual, el cual ha sido extensivo. La madre es dependiente, fría hacia la víctima, y no protectora. Cuando ambos padres están así seriamente dañados, el pronóstico para el cambio es extremadamente pobre. Los niños deberían ser retirados del hogar y puestos en una colocación potencialmente permanente. Los derechos parentales deben casi siempre ser terminados. Debería proporcionarse a los niños tratamiento, inicialmente por un año o más; en etapas subsiguientes del desarrollo, un tratamiento adicional probablemente será indicado. Los nuevos cuidadores de los niños también necesitarán participar en las sesiones de tratamiento. El proceso criminal puede ser apropiado para el perpetrador, nuevamente no debido a su probabilidad de mejorar en prisión, sino para proteger a los niños (y la sociedad) mientras él este allí. Es muy improbable que el tratamiento para la madre o padre no sea exitoso. La madre puede, después que los niños han sido retirados, repetir el ciclo. Ella puede tener niños subsiguientes a quienes también pondrá en riesgo, ya sea con el esposo abusivo o con otra persona. El siguiente caso es una ilustración dramática de un caso Tipo IV:
El Sr. Z y la Srta. P vivían juntos. Con ellos tenían a Jane de cuatro años, y de quien el Sr. Z había obtenido la custodia cuando la srta. P fue abandonada por su esposo; y a Lisa, de cuatro meses, quien era la hija del Sr. Z y la Srta. P.
El Sr. Z ocasionalmente trabajaba como techador, pero el no declaró estos ingresos y era apoyado por AFDC. El había comenzado a usar droga cuando tenía doce años, y ahora se embriagaba todas las noches. El le pegaba a la Srta. P., le pegaba a Jane, salía con otras mujeres, le vendía drogas a estudiantes de liceo y era ratero de tiendas.
La Srta. P había sido brutalmente abusada por su madre cuando chica, y había abusado de su hermano menor por tres años cuando ellos eran adolescentes. Ella le disparó y lo dejó parapléjico cuando el terminó con ella por otra niña. Luego ella pasó algún tiempo en un hospital psiquiátrico y en un colegio de capacitación, La Srta. P informó que ella empezó a beber cuando tenía ocho años y recordaba haber ido a clases borracha cuando adolescente, y que consumía drogas. Ocasionalmente ella era psicótica.
Aunque ella declaró que se mantenía con el Sr. Z porque el era “el único hombre que quería darle su nombre a mi guagua”, ella tenía una gran dificultad para funcionar como madre. Ella trató de abortar a Lisa y le dijo a su trabajadora de caso que la niña había arruinado su vida. Ella voluntariamente ubicó a Lisa en un hogar de protección por un mes, cuando la niña tenía dos meses, debido a que ella le estaba pegando demasiado duro.
El Sr. Z abusaba sexualmente de ambas niñas. El le requirió a la Srta. P que desvistiera a Jane e hiciera que Jane los observara teniendo relaciones “porque así Jane aprendería a hacerlo bien”. El también intentó tener relaciones con Jane, y Jane informó haberlo visto intentándolo con Lisa. La Srta. P describió haberle sacado los pañales a Lisa de manera que el Sr. Z podría “tomarle el gusto a una virgen” mientras el estaba teniendo relaciones con la Srta. P. Ella tenía muy poca apreciación del daño hacia las niñas. Ella dijo que cuando pensaba sobre esto, ello le hacía sentirse loca pero no había nada que ella pudiera hacer debido a que el cheque de bienestar de el era mucho mayor que el de ella.
Ambas niñas fueron retiradas y ubicadas en una familia potencialmente adoptiva. Se inició terapia con Jane y con sus padres adoptivos. El Sr. Z admitió su abuso sexual y fue sentenciado a cinco años de prisión. La Srta. P rehusó cualquier servicio.
A pesar que nosotros hemos descubierto que esta categorización ofrece líneas de guía útiles para el manejo de casos, las familias no siempre encajan dentro de algunos de los cuatro tipos. Hay dos razones para esto. Como es evidente, cada uno de los factores paternales y maternales representan un continuum, y los individuos pueden no pertenecer a ningún extremo: por ejemplo, una madre puede no ser clasificable ya sea como independiente o dependiente, pero caer en alguna parte intermedia. En segundo lugar, los factores pueden no co-variar en exactamente la forma descrita. Por ejemplo, una madre puede ser completamente independiente pero no preocuparse mucho de sus niños, o un padre puede haberse comprometido en un abuso sexual extensivo y sentirse completamente culpable de esto. Por añadidura, las decisiones en el manejo de casos a menudo necesitan ser tomadas rápidamente, pero la información necesaria para la evaluación puede tomar tiempo en obtenerse. Más aún, los padres pueden hacer un esfuerzo concertado para ocultar los hechos relevantes a los profesionales.
A pesar de estos defectos, el conocimiento de la importancia de estos seis factores ayuda en gran forma la toma de decisiones acerca de casos específicos. Donde la clasificación no es clara, los clínicos primero deben asegurarse que los niños estén protegidos de otros abusos sexuales y de las presiones de otros miembros de la familia para que ellos se retracten. Entonces el tratamiento se hace diagnóstico, en la medida en que este es un contexto para obtener información adicional acerca del funcionamiento parental. Más aún, las habilidades de los padres para cambiar en las seis áreas claves descritas (y otras) determinan las estrategias del manejo de caso futuro y el resultado del caso. Por ejemplo, supongamos que el terapeuta descubre en el tratamiento que la madre tiene mucho resentimiento hacia la víctima. Estos sentimientos son luego tratados en terapia. La respuesta de la madre jugará un rol en perseguir la reunificación de la familia o no. Similarmente, el terapeuta puede descubrir que el padre esta culpando a la víctima por el abuso sexual. El tratamiento puede entonces concentrarse en ayudarlo a aceptar responsabilidad por el abuso sexual, mejorando los sentimientos de culpa acerca de lo que el ha hecho; el grado de éxito en esta tarea determinará el plan de manejo subsiguiente del caso. Los resultados del tratamiento son estrechamente monitoreados y se establecen límites de tiempo para el progreso. Cuando necesario, el tribunal puede ser empleado para facilitar las estrategias de tratamiento y otras intervenciones.

Eugenio Araya Olivares Psicólogo- Traductor
04 de Diciembre de 2004

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